viernes, 10 de febrero de 2012

La misteriosa desaparición ...

¿Cómo había pasado?  se preguntaba una y otra vez, ¿qué había cambiado? ¿dónde se había roto el cántaro que contenía el hechizo del encanto, la seducción y la risa?... buscó por todos lados, debajo de la cama, en las copas de los árboles, bajo la mesa del comedor y hasta en los bolsillos del viejo suéter violeta de cachemira que su abuela le había regalado a su regreso de la India; pero no había encontrado nada y así pasaban los días y el malestar crecía, sin embargo era incapaz de no ir a verlo... había creado una dependencia, un tipo de adicción que le producía episodios de ansiedad al no sentirlo cerca;  en el fondo se odiaba por eso... qué tipo de persona podía seguir en una relación que la lastimaba... una muy tonta sin duda...


Le costaba trabajo creerlo, nunca le había pasado antes y la sensación era incómoda, como traer una espina enterrada que de repente se mueve y causa dolor pero luego ahí sigue...
revivía intensamente los recuerdos de los días en que la risa era su eterna compañera y ambos se dedicaban esas miradas de complicidad que tan felices los hacían en ese mundo aparte donde nadie más entraba y todo estaba dicho aunque no dijeran nada. A menudo conducía por la carretera hilando una nueva historia que contarle,  otra canción, otra obra u otro libro que compartir, recordando las palabras cariñosas con las que la llamaba y sonreía mientras pensaba en eso. Habían sido buenos días vaya que lo habían sido pero ahora todo era diferente... había dejado de ser divertido, en el fondo de sus pensamientos secretamente se aferraba al deseo de lograr que sonriera de nuevo. Sin duda podía lograrlo, era su especialidad, sus amigos, su familia y las personas que la conocían siempre le decían que los hacía reír y ella era feliz así, no podía concebir la vida sin la risa y la sensación de bienestar que deja a su paso. 

No...estaba segura, haría que se riera una vez más, esta vez lo lograría y todo volvería a ser como antes...  Se miró al espejo y sonrió, una cana asomaba entre el resto de su pelo oscuro, la arrancó y sacó el rimel de la bolsita roja donde guardaba los "embellecedores", así llamaba a  sus cosméticos que eran pocos pero caros... amaba los labiales de Channel después de todo ¿qué era la vida sin esos pequeños lujos tan disfrutables?





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